miércoles, 20 de noviembre de 2013

Luna llena

Despierto entre sábanas trasnochadas
con las pestañas plagadas de resaca reseca
y con toneladas de neuronas menos.

La luz aprisiona mis ojos en una mazmorra olvidada,
me pesan las extremidades y las ideas...
¡Callaos malditos recuerdos!

Recuerdo salir a implorar el sábado ayer.
Recuerdo una movida sideral bajo música electrónica.

Luces de neón, paranoia convergente,
Paul Kalkbrenner vomitado por un subwoofer gigante,
damas vulgares, vasos emborrachados.

¿Pero qué coño...?

Charlas sin sentido, bailoteos gemidos,
drogas fáciles de tomar,
cánticos, cánticos y más cánticos.

¿Pero qué coño pasó anoche?

Coches y lavabos empachados de sus magos y de sus polvos mágicos.
Docenas de cigarros consumidos por metro cuadrado.
Una discoteca sacando de las casillas a los aburridos.

¡Joder! Por una vez en la vida
todos los allí presentes parecíamos contentos.

Aquello era una proliferación hacia ninguna parte:
un olvido de problemas, rencores y divergencias.
Por una noche todos escapamos del mundo.

Estalló, por fin, esa válvula de escape averiada.
Por una noche nos dio igual todo:
huimos de nosotros mismos.

Sigo entre sábanas trasnochadas,
con las pestañas plagadas de resaca reseca
y con toneladas de neuronas menos

pero valió la pena.

Menuda locura lo de ayer...

¿Bailando en medio de la Florida sin pantalones?
¿Ronaldinho invocado en mi sonrisa?
¿Quién coño era yo la última noche?

Quintí Casals

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