All da fish is sold
Herbasius
Monochrome floors, monochrome walls,
Only absence near me, Nothing but silence around me
Yann Tiersen
se encienden las luces de la ciudad;
yacen serpentinas y jolgorios en el suelo
mientras dos viejos fuman un ducados negro terciopelo,
veo mis manos como fundidas en atrezzo de peli porno
sí
soy atrezzo de peli porno
sí
soy ducados negro terciopelo
todos aman, trabajan, saben preguntar la hora;
yo ya no tengo ni lágrimas ni perdón
soy el desastre milimétrico del cielo
soy la hez de siete mil millones de animales bailando
¿por qué carajo la luna frente a los espejos se verá pequeña?
¿por qué en los bares se resolverán la dicotomía de los cuerpos?
aprieto mi sangre hasta explotar en cien rabias,
sólo veo goma quemada en la mirada de mis hermanos
y sí
en la tv anuncian una nueva edición de gran hermano
y sí
en el mar los pececitos mueren atrapados en plástico
quisiera levantarme, rebelarme, en fin,
seco mis mentiras y me vuelvo hacia la cama.
Quintí Casals
jueves, 1 de octubre de 2015
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Disney
Yo no le temía a nada, y ahora le temo
Yung Beef
Que todas las heces del mundo caigan en tu cara
y sepas entonces cuán valuosa es cada pestaña del cielo.
Las nubes y sus cosas. El aire y su frenesí.
Soy incapaz de sentirme sólido en tierra.
Vibra cada vértebra del recuerdo que un día tuve.
Me calo en cada conexión con la eterna encrucijada.
Verte será siempre mi condena más dulce,
mi más insoluble satisfacción.
Odio todo el amor que sentí por ti.
Quisiera vivir en Disney.
Quintí Casals
Yung Beef
Que todas las heces del mundo caigan en tu cara
y sepas entonces cuán valuosa es cada pestaña del cielo.
Las nubes y sus cosas. El aire y su frenesí.
Soy incapaz de sentirme sólido en tierra.
Vibra cada vértebra del recuerdo que un día tuve.
Me calo en cada conexión con la eterna encrucijada.
Verte será siempre mi condena más dulce,
mi más insoluble satisfacción.
Odio todo el amor que sentí por ti.
Quisiera vivir en Disney.
Quintí Casals
lunes, 21 de septiembre de 2015
lunes, 14 de septiembre de 2015
Reclamo
No sé qué soy, de dónde vengo, a quién pertenezco.
Veo las formas del mundo escogerse en blanco o negro.
En el centro de la ausencia planean ciertas mariposas.
Vuelan y sonríen ante el baile de los cuerpos.
Quintí Casals.
Veo las formas del mundo escogerse en blanco o negro.
En el centro de la ausencia planean ciertas mariposas.
Vuelan y sonríen ante el baile de los cuerpos.
Quintí Casals.
Bajo mi piel
¿Cómo asir el azul de las nubes,
si la tierna esponja que los recubre
se eleva hasta la figura más futura y más lejana?
¿Cómo entender que la madera con el fuego se quema,
que con el agua se moja, que entre vapor no se ve?
¿Cómo dejar crecer la uña, el dedo, el problema,
cómo actuar delante del huracán o el hecho?
¿Cómo no parar al nutriente que emigra hacia la piel,
cómo no apalear al perro manso que todos llevamos dentro?
¿Cómo amilanar la sangre mareada en música,
cómo no romper el hueso, la palabra o la vanidad?
Pies enlutados,
el silencio ante el triste OK del ahora.
Ser un ser es sufrir suficiente sufijo.
Ser no es ser antes de ser para ser.
Me he visto derramar en los demás.
He ennegrecido debajo de mi sombra.
Los sueños ahogados bajo los nenúfares duermen.
Un pubescente grita borracho abajo de casa
y creo recordar que un día escribí sobre él
bajo mi piel.
Quintí Casals
si la tierna esponja que los recubre
se eleva hasta la figura más futura y más lejana?
¿Cómo entender que la madera con el fuego se quema,
que con el agua se moja, que entre vapor no se ve?
¿Cómo dejar crecer la uña, el dedo, el problema,
cómo actuar delante del huracán o el hecho?
¿Cómo no parar al nutriente que emigra hacia la piel,
cómo no apalear al perro manso que todos llevamos dentro?
¿Cómo amilanar la sangre mareada en música,
cómo no romper el hueso, la palabra o la vanidad?
Pies enlutados,
el silencio ante el triste OK del ahora.
Ser un ser es sufrir suficiente sufijo.
Ser no es ser antes de ser para ser.
Me he visto derramar en los demás.
He ennegrecido debajo de mi sombra.
Los sueños ahogados bajo los nenúfares duermen.
Un pubescente grita borracho abajo de casa
y creo recordar que un día escribí sobre él
bajo mi piel.
Quintí Casals
jueves, 27 de agosto de 2015
Blanco casi blanco
Recuerdo con todas mis vidas
por qué olvido
Alejandra Pizarnik
Está todo el raso lleno de cadáveres de mosca.
Por todos lados mienten, en todas ciudades huyen.
Ya no hay viento que disipe la nube, ya no hay solana que depare día estable.
¿Es este el mundo que querías para nuestros hijos?
Jóvenes izquierdistas fumando marihuana;
citando, después, a Mao Tze-Dong.
Banqueros en Miami, homeless en prisión.
¿Es este el paraíso que te enseñaron en las clases de historia?
El hombre del perro y el periódico a las 8 de la mañana.
La selfie de una niñita en plena pubertad.
¿Te habló alguien de los resquemores de su corazón elástico?
La peor parte de ti mismo.
El día en que insultaste a tu madre, en que la hiciste llorar.
Ese instante en que deseaste la victoria agazapada, el derribe amigo.
¿Quién te dijo que eras alguien sin tus raíces?
El electrodoméstico muerto que quedó allí, apartado.
El muñeco de Spiderman que, ya con pelos en el pubis, tiraste al traste.
¿Supiste alguna vez acerca de su destino?
El amor que prometiste a los 16.
Tu polla penetrando la presencia de la amante.
¿No eras tú tan auténtico?
Un universo cubriéndose en las paredes herméticas de la piel.
Familias sirias muriendo mientras tú te miras al espejo, mientras tú lloras tu teléfono perdido.
¿No creíste ser en algún momento inmortal?
¿No creíste traspasar, así, las barreras de lo inocuo?
Nunca hubo solución posible, dicotomía afable.
Nunca nadie supo nada más que ruido tonto que crece en algún lugar, en alguna parte.
Tan solo flores de papel, incendios de celofán.
Nunca hubo pena que valiera la gloria, gloria que valiera la pena.
Nunca hubo blanco, negro.
Sólo blanco casi blanco, negro casi negro.
Nada.
La única verdad certera siempre fue la mirada del perro, la respiración de la vaca.
Nada.
Morimos al sentir cada gota de lluvia reventar sola.
Nos desvanecemos en el pecho del mañana.
¿Seremos las personas las lágrimas de Dios?
Quintí Casals
por qué olvido
Alejandra Pizarnik
Está todo el raso lleno de cadáveres de mosca.
Por todos lados mienten, en todas ciudades huyen.
Ya no hay viento que disipe la nube, ya no hay solana que depare día estable.
¿Es este el mundo que querías para nuestros hijos?
Jóvenes izquierdistas fumando marihuana;
citando, después, a Mao Tze-Dong.
Banqueros en Miami, homeless en prisión.
¿Es este el paraíso que te enseñaron en las clases de historia?
El hombre del perro y el periódico a las 8 de la mañana.
La selfie de una niñita en plena pubertad.
¿Te habló alguien de los resquemores de su corazón elástico?
La peor parte de ti mismo.
El día en que insultaste a tu madre, en que la hiciste llorar.
Ese instante en que deseaste la victoria agazapada, el derribe amigo.
¿Quién te dijo que eras alguien sin tus raíces?
El electrodoméstico muerto que quedó allí, apartado.
El muñeco de Spiderman que, ya con pelos en el pubis, tiraste al traste.
¿Supiste alguna vez acerca de su destino?
El amor que prometiste a los 16.
Tu polla penetrando la presencia de la amante.
¿No eras tú tan auténtico?
Un universo cubriéndose en las paredes herméticas de la piel.
Familias sirias muriendo mientras tú te miras al espejo, mientras tú lloras tu teléfono perdido.
¿No creíste ser en algún momento inmortal?
¿No creíste traspasar, así, las barreras de lo inocuo?
Nunca hubo solución posible, dicotomía afable.
Nunca nadie supo nada más que ruido tonto que crece en algún lugar, en alguna parte.
Tan solo flores de papel, incendios de celofán.
Nunca hubo pena que valiera la gloria, gloria que valiera la pena.
Nunca hubo blanco, negro.
Sólo blanco casi blanco, negro casi negro.
Nada.
La única verdad certera siempre fue la mirada del perro, la respiración de la vaca.
Nada.
Morimos al sentir cada gota de lluvia reventar sola.
Nos desvanecemos en el pecho del mañana.
¿Seremos las personas las lágrimas de Dios?
Quintí Casals
martes, 28 de julio de 2015
París
Oír un temblor en tu estómago como un tambor
y mirar al gris opaco como algo neutro, algo aceptable.
Ir a las fiestas, fumar cigarros, demoler emociones
y dejar que el tiempo se mate a sí mismo.
Mojarse, tímido, al caer las primeras gotas de abril
y sacar el paraguas y coger preventivamente las botas
mientras los planetas estallan en el irracional orden de las cosas.
Tocarse el pecho y sentir volar una nada extraña,
un vórtice importante en la grieta impermanente.
Ver ahogarse una mosca en el agua
y sonreír sin hacer nada al respecto
y dejarla extinguir, jadeante, en sus patitas de bastón.
En el silencio de las iglesias nos sentimos desnudos.
En París un día dijimos ser felices, ser felices.
Quintí Casals
y mirar al gris opaco como algo neutro, algo aceptable.
Ir a las fiestas, fumar cigarros, demoler emociones
y dejar que el tiempo se mate a sí mismo.
Mojarse, tímido, al caer las primeras gotas de abril
y sacar el paraguas y coger preventivamente las botas
mientras los planetas estallan en el irracional orden de las cosas.
Tocarse el pecho y sentir volar una nada extraña,
un vórtice importante en la grieta impermanente.
Ver ahogarse una mosca en el agua
y sonreír sin hacer nada al respecto
y dejarla extinguir, jadeante, en sus patitas de bastón.
En el silencio de las iglesias nos sentimos desnudos.
En París un día dijimos ser felices, ser felices.
Quintí Casals
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