No sé qué soy, de dónde vengo, a quién pertenezco.
Veo las formas del mundo escogerse en blanco o negro.
En el centro de la ausencia planean ciertas mariposas.
Vuelan y sonríen ante el baile de los cuerpos.
Quintí Casals.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Bajo mi piel
¿Cómo asir el azul de las nubes,
si la tierna esponja que los recubre
se eleva hasta la figura más futura y más lejana?
¿Cómo entender que la madera con el fuego se quema,
que con el agua se moja, que entre vapor no se ve?
¿Cómo dejar crecer la uña, el dedo, el problema,
cómo actuar delante del huracán o el hecho?
¿Cómo no parar al nutriente que emigra hacia la piel,
cómo no apalear al perro manso que todos llevamos dentro?
¿Cómo amilanar la sangre mareada en música,
cómo no romper el hueso, la palabra o la vanidad?
Pies enlutados,
el silencio ante el triste OK del ahora.
Ser un ser es sufrir suficiente sufijo.
Ser no es ser antes de ser para ser.
Me he visto derramar en los demás.
He ennegrecido debajo de mi sombra.
Los sueños ahogados bajo los nenúfares duermen.
Un pubescente grita borracho abajo de casa
y creo recordar que un día escribí sobre él
bajo mi piel.
Quintí Casals
si la tierna esponja que los recubre
se eleva hasta la figura más futura y más lejana?
¿Cómo entender que la madera con el fuego se quema,
que con el agua se moja, que entre vapor no se ve?
¿Cómo dejar crecer la uña, el dedo, el problema,
cómo actuar delante del huracán o el hecho?
¿Cómo no parar al nutriente que emigra hacia la piel,
cómo no apalear al perro manso que todos llevamos dentro?
¿Cómo amilanar la sangre mareada en música,
cómo no romper el hueso, la palabra o la vanidad?
Pies enlutados,
el silencio ante el triste OK del ahora.
Ser un ser es sufrir suficiente sufijo.
Ser no es ser antes de ser para ser.
Me he visto derramar en los demás.
He ennegrecido debajo de mi sombra.
Los sueños ahogados bajo los nenúfares duermen.
Un pubescente grita borracho abajo de casa
y creo recordar que un día escribí sobre él
bajo mi piel.
Quintí Casals
jueves, 27 de agosto de 2015
Blanco casi blanco
Recuerdo con todas mis vidas
por qué olvido
Alejandra Pizarnik
Está todo el raso lleno de cadáveres de mosca.
Por todos lados mienten, en todas ciudades huyen.
Ya no hay viento que disipe la nube, ya no hay solana que depare día estable.
¿Es este el mundo que querías para nuestros hijos?
Jóvenes izquierdistas fumando marihuana;
citando, después, a Mao Tze-Dong.
Banqueros en Miami, homeless en prisión.
¿Es este el paraíso que te enseñaron en las clases de historia?
El hombre del perro y el periódico a las 8 de la mañana.
La selfie de una niñita en plena pubertad.
¿Te habló alguien de los resquemores de su corazón elástico?
La peor parte de ti mismo.
El día en que insultaste a tu madre, en que la hiciste llorar.
Ese instante en que deseaste la victoria agazapada, el derribe amigo.
¿Quién te dijo que eras alguien sin tus raíces?
El electrodoméstico muerto que quedó allí, apartado.
El muñeco de Spiderman que, ya con pelos en el pubis, tiraste al traste.
¿Supiste alguna vez acerca de su destino?
El amor que prometiste a los 16.
Tu polla penetrando la presencia de la amante.
¿No eras tú tan auténtico?
Un universo cubriéndose en las paredes herméticas de la piel.
Familias sirias muriendo mientras tú te miras al espejo, mientras tú lloras tu teléfono perdido.
¿No creíste ser en algún momento inmortal?
¿No creíste traspasar, así, las barreras de lo inocuo?
Nunca hubo solución posible, dicotomía afable.
Nunca nadie supo nada más que ruido tonto que crece en algún lugar, en alguna parte.
Tan solo flores de papel, incendios de celofán.
Nunca hubo pena que valiera la gloria, gloria que valiera la pena.
Nunca hubo blanco, negro.
Sólo blanco casi blanco, negro casi negro.
Nada.
La única verdad certera siempre fue la mirada del perro, la respiración de la vaca.
Nada.
Morimos al sentir cada gota de lluvia reventar sola.
Nos desvanecemos en el pecho del mañana.
¿Seremos las personas las lágrimas de Dios?
Quintí Casals
por qué olvido
Alejandra Pizarnik
Está todo el raso lleno de cadáveres de mosca.
Por todos lados mienten, en todas ciudades huyen.
Ya no hay viento que disipe la nube, ya no hay solana que depare día estable.
¿Es este el mundo que querías para nuestros hijos?
Jóvenes izquierdistas fumando marihuana;
citando, después, a Mao Tze-Dong.
Banqueros en Miami, homeless en prisión.
¿Es este el paraíso que te enseñaron en las clases de historia?
El hombre del perro y el periódico a las 8 de la mañana.
La selfie de una niñita en plena pubertad.
¿Te habló alguien de los resquemores de su corazón elástico?
La peor parte de ti mismo.
El día en que insultaste a tu madre, en que la hiciste llorar.
Ese instante en que deseaste la victoria agazapada, el derribe amigo.
¿Quién te dijo que eras alguien sin tus raíces?
El electrodoméstico muerto que quedó allí, apartado.
El muñeco de Spiderman que, ya con pelos en el pubis, tiraste al traste.
¿Supiste alguna vez acerca de su destino?
El amor que prometiste a los 16.
Tu polla penetrando la presencia de la amante.
¿No eras tú tan auténtico?
Un universo cubriéndose en las paredes herméticas de la piel.
Familias sirias muriendo mientras tú te miras al espejo, mientras tú lloras tu teléfono perdido.
¿No creíste ser en algún momento inmortal?
¿No creíste traspasar, así, las barreras de lo inocuo?
Nunca hubo solución posible, dicotomía afable.
Nunca nadie supo nada más que ruido tonto que crece en algún lugar, en alguna parte.
Tan solo flores de papel, incendios de celofán.
Nunca hubo pena que valiera la gloria, gloria que valiera la pena.
Nunca hubo blanco, negro.
Sólo blanco casi blanco, negro casi negro.
Nada.
La única verdad certera siempre fue la mirada del perro, la respiración de la vaca.
Nada.
Morimos al sentir cada gota de lluvia reventar sola.
Nos desvanecemos en el pecho del mañana.
¿Seremos las personas las lágrimas de Dios?
Quintí Casals
martes, 28 de julio de 2015
París
Oír un temblor en tu estómago como un tambor
y mirar al gris opaco como algo neutro, algo aceptable.
Ir a las fiestas, fumar cigarros, demoler emociones
y dejar que el tiempo se mate a sí mismo.
Mojarse, tímido, al caer las primeras gotas de abril
y sacar el paraguas y coger preventivamente las botas
mientras los planetas estallan en el irracional orden de las cosas.
Tocarse el pecho y sentir volar una nada extraña,
un vórtice importante en la grieta impermanente.
Ver ahogarse una mosca en el agua
y sonreír sin hacer nada al respecto
y dejarla extinguir, jadeante, en sus patitas de bastón.
En el silencio de las iglesias nos sentimos desnudos.
En París un día dijimos ser felices, ser felices.
Quintí Casals
y mirar al gris opaco como algo neutro, algo aceptable.
Ir a las fiestas, fumar cigarros, demoler emociones
y dejar que el tiempo se mate a sí mismo.
Mojarse, tímido, al caer las primeras gotas de abril
y sacar el paraguas y coger preventivamente las botas
mientras los planetas estallan en el irracional orden de las cosas.
Tocarse el pecho y sentir volar una nada extraña,
un vórtice importante en la grieta impermanente.
Ver ahogarse una mosca en el agua
y sonreír sin hacer nada al respecto
y dejarla extinguir, jadeante, en sus patitas de bastón.
En el silencio de las iglesias nos sentimos desnudos.
En París un día dijimos ser felices, ser felices.
Quintí Casals
Amar lo impermanente
¿Qué importará morir con o sin motivo?
Prefiero pensar que un día fuimos jóvenes.
Ayer te dije adiós por enésima vez
y ya van unas cien despedidas sin rencor.
No es que me sienta vivo o muerto,
sino que no aprecio diferencia alguna.
Los ojos sobrepasaron al párpado,
ya no me importa tener o perder.
Soy una pestaña
sobre una mesa vacía.
Soy un boleto premiado
que tocó hace ya unos años.
Quintí Casals
Prefiero pensar que un día fuimos jóvenes.
Ayer te dije adiós por enésima vez
y ya van unas cien despedidas sin rencor.
No es que me sienta vivo o muerto,
sino que no aprecio diferencia alguna.
Los ojos sobrepasaron al párpado,
ya no me importa tener o perder.
Soy una pestaña
sobre una mesa vacía.
Soy un boleto premiado
que tocó hace ya unos años.
Quintí Casals
viernes, 24 de julio de 2015
El niño
Cuando entiendes que la gente es así,
que los problemas que tanto miran son asá
y que los espejos no buscan el reflejo sino el ego...
sientes tu alma esparcirse en el viento,
sientes un balón golpear en tu cara.
Cuando cubres tu tiempo con un ladrillo laboral,
cuando comprendes que los impuestos sirven
para cultivar la flor del estado...
sientes morir cada pestaña de tu piel,
sientes de veras el corazón envejecer.
Cuando cuentas los amores de tres en tres
y el horizonte consiste cada vez más
en no morir solo...
sientes comer pasto y pan,
sientes caminar para quién no quiere una meta.
Si para ti la moral ya se convirtió en goma quemada,
si ya nada te importa lo que hicieran el PP o Podemos,
si lo mejor que tienes al llegar a casa es tu perro o una cerveza...
será que ya te hiciste mayor,
será que ya llegaste al tope de tus límites.
Pero existe un niño, un tímido pero locuaz niño.
Un niño a quién no le importa la cocaína,
a quién la muerte le miró sin dolerle a los ojos
y no vio aún a un amigo trabajando en Mc Donald's.
y no le chuparon aún el falo con amor o con astucia.
Un niño quién pasa el rato observando las mariposas,
a quién le gusta jugar horas al fútbol
o al que le encanta escuchar las hazañas del abuelo.
Un niño quién recoge las flores del valle,
quién saborea el bombón más dulce
en la huella de la supervivencia.
Atrápalo.
Quintí Casals
que los problemas que tanto miran son asá
y que los espejos no buscan el reflejo sino el ego...
sientes tu alma esparcirse en el viento,
sientes un balón golpear en tu cara.
Cuando cubres tu tiempo con un ladrillo laboral,
cuando comprendes que los impuestos sirven
para cultivar la flor del estado...
sientes morir cada pestaña de tu piel,
sientes de veras el corazón envejecer.
Cuando cuentas los amores de tres en tres
y el horizonte consiste cada vez más
en no morir solo...
sientes comer pasto y pan,
sientes caminar para quién no quiere una meta.
Si para ti la moral ya se convirtió en goma quemada,
si ya nada te importa lo que hicieran el PP o Podemos,
si lo mejor que tienes al llegar a casa es tu perro o una cerveza...
será que ya te hiciste mayor,
será que ya llegaste al tope de tus límites.
Pero existe un niño, un tímido pero locuaz niño.
Un niño a quién no le importa la cocaína,
a quién la muerte le miró sin dolerle a los ojos
y no vio aún a un amigo trabajando en Mc Donald's.
y no le chuparon aún el falo con amor o con astucia.
Un niño quién pasa el rato observando las mariposas,
a quién le gusta jugar horas al fútbol
o al que le encanta escuchar las hazañas del abuelo.
Un niño quién recoge las flores del valle,
quién saborea el bombón más dulce
en la huella de la supervivencia.
Atrápalo.
Quintí Casals
martes, 23 de junio de 2015
Decálogo
Deja que la luz de la ventana entre;
abre tu estómago, tus costillas,
cada micra de tu alma
y deja que tu cuerpo tímido
explote en el dolor de las horas.
Aspira el aire, actúa sobre el escenario,
reacciona ante el tiempo que corre
y nunca aceptes que estás en tu sitio.
Siente tu carne prendida en el fuego,
siente tus manos válidas como el agua
y ningunea la más triste, nula y estúpida
razón de vivir.
Atrapa el átomo;
estrújalo, cómelo, ámalo
y no te enfades con el sol;
nunca sabes cuándo volverás a crecer,
nunca sabes si sabrás algún día nada.
Emergente y ágil como el ángel;
canta, plañe, corre / grita, bebe, ama.
Sufre con pasión.
Muere ante la vida.
Quintí Casals
abre tu estómago, tus costillas,
cada micra de tu alma
y deja que tu cuerpo tímido
explote en el dolor de las horas.
Aspira el aire, actúa sobre el escenario,
reacciona ante el tiempo que corre
y nunca aceptes que estás en tu sitio.
Siente tu carne prendida en el fuego,
siente tus manos válidas como el agua
y ningunea la más triste, nula y estúpida
razón de vivir.
Atrapa el átomo;
estrújalo, cómelo, ámalo
y no te enfades con el sol;
nunca sabes cuándo volverás a crecer,
nunca sabes si sabrás algún día nada.
Emergente y ágil como el ángel;
canta, plañe, corre / grita, bebe, ama.
Sufre con pasión.
Muere ante la vida.
Quintí Casals
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