And if I could be who you wanted
If I could be who you wanted
All the time, all the time
Radiohead
Todas esas musiquitas felices
sonadas y sentidas
en las largas salas de los aeropuertos,
todo ese boyante sentimiento
de que nada será lo mismo
hogaño que estamos lejos.
Sudar, sudar, sudar y pensar
que, ahora, ahora que ningún
consejo
nos sirve nada más
como mera indicación,
volveré a querer escapar
de la luz temprana.
Y pensar que toda esta generación
cree en la paz, en la armonía, Gandhi...
y necesitan, hasta para drogarse,
mierdas de diseño
como el MDMA.
Necesitan los libritos con dibujos,
las películas en 3D,
las instrucciones subtituladas,
el abre-fácil del brick.
Y rubrican haikus como moda
y escriben ecuaciones a la felicidad
y hablan, también, sobre anatomías bancarias
y emoticonos felices.
Borrachos en Tokio, cocaína gubernamental.
Nadie se para a tocar su carne
y preguntar "¿qué será eso?".
Nadie se deja atosigar
por la luna puta,
por la lluvia de otoño.
Porco Dio. Estoy en un avión y aborrezco volar;
ver tanta gente en conjunto, tanta gente inserida en una banana metálica.
Todos apretando sus manos, todos nerviosos si se sientan cerca del ala.
A mí no me importa morir. Tantas cosas he vivido ya.
Fui gusano y mariposa, harina y pan.
Hoy te he dicho adiós, querida,
y sí, me da igual morir.
Me da igual morir junto a esta gente;
quemadas sus pieles y entrañas...
¿Qué quedaría de sus palabras?
El mundo es una idea y nosotros sus letras.
Nietzsche se equivocaba al hablar de sociedad como rebaño;
el rebaño da lana o pan, la sociedad, en cambio,
sirve tan sólo para extinguirse
en su progreso.
El mundo es una idea y nosotros sus letras.
Somos los hijos de la nada
y nada me queda si no estás.
Quintí Casals
sábado, 20 de diciembre de 2014
jueves, 11 de diciembre de 2014
Lost in Translation
Everyone wants to be found
Supongo que ha llegado el día en que el mundo se nos quedó viejo,
que ya no estamos bien aquí.
Las calles dejaron de ser las mismas,
las rotondas se giran entorno a ellas,
las casas brillan
y los microondas calientan nuestras sopas
y cocinas.
Supongo que ya no hay magia que valga,
que la pradera se nos quedó pequeña,
que ya no podemos correr.
Sólo veo furia en las manos del prójimo,
miedo en sus dedos y
temor en su felicidad.
El aire nos obstruye
indefinidamente.
Celulares que nos alejan
como opacos dementores,
paredes que nos encierran
como fronteras diplomáticas.
Supongo que aquí acaba todo,
que en el gris molusco
de las nubes
lloverá para siempre.
Supongo que ya escapamos de la noche,
que todos los muebles fueron
comprados, ordenados y suicidados,
que ya no hay sinónimos ni antónimos
válidos
en esta frase.
El universo se abrasa en la esfera de la verdad
y yo miro por detrás de la ventana
como tierra y piedra explotan.
Y tenéis razón;
inventamos las ruedas,
el papiro,
la energía nuclear
e incluso el doble click
de nuestro personal computer,
pero tan sólo
para vivir más rápido en un espacio
más pequeño...
y para saber, también
que el tiempo siempre gana;
que la pelota que sube baja,
que el boomerang pocas veces
no alcanza.
Supongo que el silencio viene a ser Dios,
que mejor que tal pupila de plástico
nos envolviera en este eterno
día deficiente.
Supongo que hoy la nada en las estrellas se apaga,
que ya es hora de decir
adiós muy buenas, fue un placer;
que te vaya bien,
Infinito.
Quintí Casas
Supongo que ha llegado el día en que el mundo se nos quedó viejo,
que ya no estamos bien aquí.
Las calles dejaron de ser las mismas,
las rotondas se giran entorno a ellas,
las casas brillan
y los microondas calientan nuestras sopas
y cocinas.
Supongo que ya no hay magia que valga,
que la pradera se nos quedó pequeña,
que ya no podemos correr.
Sólo veo furia en las manos del prójimo,
miedo en sus dedos y
temor en su felicidad.
El aire nos obstruye
indefinidamente.
Celulares que nos alejan
como opacos dementores,
paredes que nos encierran
como fronteras diplomáticas.
Supongo que aquí acaba todo,
que en el gris molusco
de las nubes
lloverá para siempre.
Supongo que ya escapamos de la noche,
que todos los muebles fueron
comprados, ordenados y suicidados,
que ya no hay sinónimos ni antónimos
válidos
en esta frase.
El universo se abrasa en la esfera de la verdad
y yo miro por detrás de la ventana
como tierra y piedra explotan.
Y tenéis razón;
inventamos las ruedas,
el papiro,
la energía nuclear
e incluso el doble click
de nuestro personal computer,
pero tan sólo
para vivir más rápido en un espacio
más pequeño...
y para saber, también
que el tiempo siempre gana;
que la pelota que sube baja,
que el boomerang pocas veces
no alcanza.
Supongo que el silencio viene a ser Dios,
que mejor que tal pupila de plástico
nos envolviera en este eterno
día deficiente.
Supongo que hoy la nada en las estrellas se apaga,
que ya es hora de decir
adiós muy buenas, fue un placer;
que te vaya bien,
Infinito.
Quintí Casas
viernes, 5 de diciembre de 2014
El arte de bajar la persiana
En mi corazón habita un mechero,
en mi pene una discoteca,
en mi cabeza un muro
desabrochado.
Quintí Casals
en mi pene una discoteca,
en mi cabeza un muro
desabrochado.
Quintí Casals
jueves, 4 de diciembre de 2014
Luz uniforme-Habitación cerrada
El mundo se derrumba, cabizbajo,
trazo a trazo bajo mis pies.
Primero está ese sentimiento de vértigo,
esa escuálida y desorientada sensación
que intenta definir
cuán recto es el triángulo,
que intenta establecer en medida y distancia
cuán bien definido y mal coagulado
están sus vértices, sus costados.
Están también ahí las pupilas dilatadas,
los ojos que en Venecia navegan.
Está la sangre, su perfecto y circunscrito
trayecto en venas azules, en arterias rojas,
que, debajo nuestras pieles,
rechistan el chiste de sobrevivir
al destino.
Luego está esa impresión-efecto -a veces, quizá, defecto-
de fregar mal los platos, de querer -a fuego- a quién
sabes
que un día te olvidará
sin querer.
Y están igualmente esos dedos que remontan a buscar
los límites del frío y la identidad
y, sin embargo, están, asimismo,
aquellos domingos en caída libre
en qué las agujas son huesos
y el culo se dilata.
También piedras, Dioses griegos,
las víctimas del opio y del karma;
todo eso permanece debajo la simple
condición
de significar algo
ante la boca de la muerte.
Sentirnos humillados, sentirnos abrazados,
miles de revoluciones biológicas, genéticas y equidistantes;
todo eso brilla, instalado en las mas insignificantes
noches,
todo eso se instruye en las más cálidas y apacibles
mañanas...
escondiéndose
por si algún día
resolviéramos
aquella ecuación dónde
reconstruir la vida
en un horizonte firme
y eficaz.
Quintí Casals
trazo a trazo bajo mis pies.
Primero está ese sentimiento de vértigo,
esa escuálida y desorientada sensación
que intenta definir
cuán recto es el triángulo,
que intenta establecer en medida y distancia
cuán bien definido y mal coagulado
están sus vértices, sus costados.
Están también ahí las pupilas dilatadas,
los ojos que en Venecia navegan.
Está la sangre, su perfecto y circunscrito
trayecto en venas azules, en arterias rojas,
que, debajo nuestras pieles,
rechistan el chiste de sobrevivir
al destino.
Luego está esa impresión-efecto -a veces, quizá, defecto-
de fregar mal los platos, de querer -a fuego- a quién
sabes
que un día te olvidará
sin querer.
Y están igualmente esos dedos que remontan a buscar
los límites del frío y la identidad
y, sin embargo, están, asimismo,
aquellos domingos en caída libre
en qué las agujas son huesos
y el culo se dilata.
También piedras, Dioses griegos,
las víctimas del opio y del karma;
todo eso permanece debajo la simple
condición
de significar algo
ante la boca de la muerte.
Sentirnos humillados, sentirnos abrazados,
miles de revoluciones biológicas, genéticas y equidistantes;
todo eso brilla, instalado en las mas insignificantes
noches,
todo eso se instruye en las más cálidas y apacibles
mañanas...
escondiéndose
por si algún día
resolviéramos
aquella ecuación dónde
reconstruir la vida
en un horizonte firme
y eficaz.
Quintí Casals
miércoles, 3 de diciembre de 2014
Nota de un DJ
Antes todo consistía
-bajo el azar de nuestras tímidas manos-
en cazar un buey, plantar, recolectar árboles,
comer, cuidar bien a nuestros hijos
y, tal día,
mudarnos a otra zona
dónde vivir.
Todo se apagó
el día que se inventaron los gimnasios.
Un DJ ha hablado.
Quintí Casals
-bajo el azar de nuestras tímidas manos-
en cazar un buey, plantar, recolectar árboles,
comer, cuidar bien a nuestros hijos
y, tal día,
mudarnos a otra zona
dónde vivir.
Todo se apagó
el día que se inventaron los gimnasios.
Un DJ ha hablado.
Quintí Casals
lunes, 1 de diciembre de 2014
Bunker
Atrapado en el bunker de mis entrañas
-despertar, comer, dormir y respirar-
incapaz soy de pelear,
incapaz soy de dar los buenos días.
Quintí Casals
-despertar, comer, dormir y respirar-
incapaz soy de pelear,
incapaz soy de dar los buenos días.
Quintí Casals
Mi vida sin mí
si compraste cualquier día salsa china, tabasco, nueces de macadamia
si después de encender la televisón pusiste la MTV, el Discovery-Max
si te casaste, tuviste hijos y posteriormente una petición de divorcio
si saliste a pasear el miércoles
si te compraste un perro, una tortuga, un hamster
si tomaste, si bebiste, si fumaste alguna vez
si te despertaste en otra casa, en un hospital
si compartiste "carpe diem" o "we are young" en tu estado de Facebook
si sentiste algún domingo el corazoncito pequeño, el color diáfano
si tuviste amantes, novias, sexo duro, rock&roll
si fuiste a Barcelona y tu vida cambió
si tantas veces lloraste en la planicie superficial
del amor y el olvido...
supongo que ya sabrás que todo era mentira,
que la felicidad no existe;
supongo que ya sabrás que no es nada difícil
ahogarse en un vaso de agua;
que el tiempo tan sólo muere
y que el país de nunca jamás
brilla el hijo de puta, tan sólo,
en lo más alejado
de tus sueños.
Quintí Casals
si después de encender la televisón pusiste la MTV, el Discovery-Max
si te casaste, tuviste hijos y posteriormente una petición de divorcio
si saliste a pasear el miércoles
si te compraste un perro, una tortuga, un hamster
si tomaste, si bebiste, si fumaste alguna vez
si te despertaste en otra casa, en un hospital
si compartiste "carpe diem" o "we are young" en tu estado de Facebook
si sentiste algún domingo el corazoncito pequeño, el color diáfano
si tuviste amantes, novias, sexo duro, rock&roll
si fuiste a Barcelona y tu vida cambió
si tantas veces lloraste en la planicie superficial
del amor y el olvido...
supongo que ya sabrás que todo era mentira,
que la felicidad no existe;
supongo que ya sabrás que no es nada difícil
ahogarse en un vaso de agua;
que el tiempo tan sólo muere
y que el país de nunca jamás
brilla el hijo de puta, tan sólo,
en lo más alejado
de tus sueños.
Quintí Casals
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