jueves, 8 de mayo de 2014

Esbien

El placer de llegar a casa,
tirarse a la cama
y, flotando, dejar el mundo
fluir. Pintar un cuadro, comer
una loncha de jamón, besar
a la cabeza de un negrito
mientras el armario se
cierra. El tiempo se
exprime a cien años luz
y yo aquí

tirado.

Tic-tac, tic-tac...
Debussy transpira en una
nota musical. El momento
supura. Tonto, sonrío;
tonto, me descarrilo...
joder, qué bien se
está

cuando se
está bien.

Quintí Casals

miércoles, 7 de mayo de 2014

Lindo capullo

Un átomo es un
cadáver que rebosa
de energía. Puertas
que se cierran, ciudades
que chirrían, hospitales, féretros
y mucha policía... ¡Qué mundo tan
peligroso! Inexorablemente los cuerpos se
derraman,
los puños empuñan mandos a distancia
y los claveles se pierden en el hospicio
de los bosques. Liana a liana, cruzamos
laberintos inestables y caemos y vencemos,
a veces por el barranco vagamos, a veces
en el paso de cebra corremos, sin embargo,
seguimos para bingo. El tiempo embotellado,
el viento que llora; nosotros, vivos, bailando
en un rayo de sol. Sin quererlo ni
deberlo, los márgenes aprietan
y miramos un horizonte incierto
y pensamos en nuestro futuro
y tomamos una Coca-cola
en una terracita genial.
Teatros, cabarets, piscinas...
ya lo saben, todo a nuestra
disposición. Antes muertos
que sencillos, supongo.
¡Qué nos jodan!

¡Seamos optimistas
en una realidad
pésima!

Quintí Casals

martes, 6 de mayo de 2014

El show de Truman

Perderse en una cortina
de viento mirando
el techo; los días pasan
lentos, el tiempo rápido.
Un acordeón toca en la
bocanada de los viandantes
que pasan. La calle vibra con
la música. El cemento parece bonito. Hordas
de gentes blancas, transparentes, caminan al
son de la nimiedad. Somos hormiguitas, dicen.
Somos una nada en algo llamado universo,
dicen. La máquina ilógica del aire escarmienta
el placer, dicen. Las noches dónde los cuerpos
están estáticos, las noches dónde la gente humilla
la felicidad... los árboles brillan, las nubes transitan
contentas.

Pacientes sinsentido, las personas
esperan el apocalipsis. Ilusas, las breves momias
esperan el milagro. Mientras, oscilan los átomos de
los unos a los otros en una electricidad mágica y se
cierran al vacío la estabilidad de los mares y se
desnutren pueblos y ciudades. A veces es difícil
saber estar. A veces es difícil sumirse en el silencio
del perro. A veces es difícil no pensar en
que se piensa demasiado
en la náusea
y el cartón.

Un  genio con síndrome de down
una tarde me dijo: "la vida es bonita, la
vida esta bien"... su mirada destilaba la
impasibilidad perdida de las brújulas,
salpicaba todo roce posible
al bienestar. Lo abracé, lo agarré
y apreté la fuerte distancia
del barro, del espacio.

Después me fui, lo abandoné en su
sonrisa y -sí, supongo: pensé-
el genio tenía razón...

en la capa sepulcral
de sus labios

la vida era bonita.

Quintí Casals

domingo, 4 de mayo de 2014

Infeliz

Cuando eramos pequeños...
veíamos películas, leíamos cuentos
y
creíamos poder ser
detectives de lo oculto, exploradores
del mundo sin igual.

Ahora la vida se nos ha vuelto
aburrida; pasamos horas frente
al tedio digital del ordenador,  y,
cuando nuestros labios recitan una
sola sílaba de infelicidad,
nos miran mal

como si fuera nuestra culpa
haberle fallado a
nuestros padres
al nacer.

Quintí Casals

Agua fría

Tristemente los brazos se amputan,
tristemente se distancian del aire,
tristemente se desprenden
y, sin arropar al tiempo,
los muñones germinan en la piel.
Atentos, los buitres contemplan. Pues
sí, para todo hay un plan, para todo
hay un fin. Es violento -lo sé-, mas la
tierra se traga a sí misma; se incendia
y alisa. Las lámparas de las casas,
juiciosas, iluminan el desastre
general.

Vagando
en una ruleta de la suerte, destripando
el minuto de lo ya ido, aquí -no
es fácil decirlo- invertimos en suerte y
el sábado por la noche nos
ponemos guapos y salimos a bailar.
Atravesamos las ciudades como feroces
depredadores, comemos un kebab de
polla y sorteamos a las gentes que
-arrinconadas en su alma- sobrealimentan
un destino fragoso, cruel. Los paisajes
se esconden, la civilización arde en el negro
de nuestros ojos. Escuchamos al silencio y no
se oyen las verdades, no se oye la hierba. Las
olas del mar se estrellan en las rocas, los
hombres de la oficina se estrellan en la rutina.
Parece que nadie se elige, no hay país que le valga
a la lluvia. Quizá lo más inteligente
sea desnucar la muerte. Quizá lo mejor sea
volcarse en un mar de cojines y encender
el DVD.

La vida es un breve viaje
al azar: alquilar una muerte muy cara
a un futuro fugaz. Dónde antes hubo
amor, hoy se escuecen miles
de generaciones, -solos, locos- chillan
los hombres sin cabello ni rostro. Las moscas
se aburren en la innumerable compañía
de la nada y los ocasos,
conforme avanzan los días,
como cerillas,

se apagan.

Quintí Casals

sábado, 3 de mayo de 2014

Laberinto metafísico

Un vaso de aguarrás se desparrama
sobre el verde incauto de los
vegetales. Un piano extradiegético
toca en lo alto de las nubes, las
personas -pequeñitas y gráciles-
bailan felices en la sorpresa. Detectives
y exploradores recorren el laberinto
metafísico de la enormidad; su
misión: traspasar la noche blanca.

Bebés y niños, aburridos, crecen inmersos en
películas de Disney. Huérfanos y golondrinas, valientes,
luchan contra la calavera de la suerte. Mentiras y
decretos... ¡Cómo recorren las primaveras y los otoños!
Las hojas de los árboles se desaguan. Palabra
tras palabra, la voz resbala entre
la sangre. 20 años peleando
contra una puerta que da al
vacío y el polvo se acumula sobre
mi estómago y el universo se amordaza
en el horneo de mis gritos... ¿Adónde voy?

Lancé los dados y retumbó mala música,
los fantasmas se fueron atontados. Siento decir
que la luz se me escapa entre los ojos. Siento
decir que la mosca ronroneó la quietud del
salón. Tengo hogar, iPod y perrita
pero el mundo sigue
estando en silencio

y me asusta.

Quintí Casals

jueves, 1 de mayo de 2014

Canto a la muerte

Con el mundo en
silencio, hoy dejaría
de ser. Me iría, me enfundaría
una capa transparente y, sin adornos
ni desventuras, diría adiós muy buenas.
Abrazar la nada, desmedirse en un
instante eterno; descanso, salvación
en una partida necesaria. Hoy me iría
con la noche y las estrellas y los
agujeritos de los ladrillos. No
es lo mismo fuet que secallona,
no es lo mismo descansar
que fenecer. Hoy me
iría lejos. Hoy cerraría
todo recuerdo en la memoria,
haría las maletas en el recibidor
del hostal patético y, envalentonado,
me iría a tomar por culo.

Quintí Casals