viernes, 4 de octubre de 2013

Románticos e idiotas

El amor es un purgatorio
lleno de luces e interruptores
dónde los románticos y los idiotas 
esperan su turno para alumbrar la sala.

A veces un idiota palpa un interruptor
y una bombilla defectuosa e intermitente se enciende 
y molesta y molesta y molesta 
hasta que por fin llega un electricista
o un romántico que la apaga. 

A veces un romántico palpa un interruptor
y se enciende una bombilla nervuda
y brilla y brilla y brilla
en cada rincón de esa habitación hermética.

A veces un idiota la apaga.
O vienen dos. O vienen tres.
O vienen, incluso, las leyes de la física y de la causalidad
y la apagan y la apagan y la apagan
sin que nadie antes se lo hubiera pedido.

A veces el romántico 
vuelve a encenderla insistiendo.

A veces los idiotas
se empeñan en apagar
las luces repetidamente.

A veces el romántico es incansable,
insoluble, invencible;

pero a veces, también, hay
demasiados idiotas en la habitación
apagando y apagando y apagando

y el romántico desiste
y ganan los idiotas
y el amor queda a oscuras.

Quintí Casals


jueves, 3 de octubre de 2013

La particularidad de las partículas

La vida

es simplemente

un pelo que se quema sin dejar rastro,
una hoja que desaparece después de volar años,
un cuaderno de dibujos mojados que nadie vio antes,

un enrevesado y ensordecedor enigma planteado
por un matemático que murió un tal día 0
y del que nunca se sabrá nunca más.

Simplemente es

la vida.

Quintí Casals

Las Cruzadas modernas

Erase una vez
una sociedad depredadora,
una era de involución,
unas gentes crueles.

Erase una vez
un cínico,
dos cínicos,
tres cínicos.

Las gentes se dedicaban
a despreciar a los cínicos

y

los cínicos se dedicaban
a despreciar a las gentes.

Era una guerra de batallas necias.
Era una guerra civil camuflada.
Era una guerra dónde los cínicos
no entraban ni merecían entrar.

Las gentes, no se dieron cuenta que
aquello que odiaban; su enemigo,
era el resultado a una ecuación
dónde ellos eran la incógnita
que debía ser despejada.

Quintí Casals

miércoles, 2 de octubre de 2013

El momento

Las cigüeñas se apilan en las grúas.

Los ángeles tocan sus gloriosas trompetas.

El suelo se cubre de cojines de plumas rotas.

El cielo presta sus nubes pálidas a los presentes.

Las gentes sacan sus cámaras, sus flashes, su asombro.

Cúpido esnifa ketamina mientras enamora a otra pareja.

El tiempo congela cada uno de sus estandartes.

Las calles se alumbran con la sonrisa del sol.

Los poetas académicos recitan canciones.

Lo que todo era ahora ya es nada.

Por fin ha llegado el momento
de sortear un beso tuyo.

Quintí Casals

Personas

Las personas no cambian
simplemente se modelan.

Estamos hechas de barro
y estamos, también,
humedecidas y empapadas por el tiempo.

Hay un imbécil dónde sea
-el Parnaso, el Olimpo, la Nada incierta, Tú-
que se dedica a lanzar más o menos agua al barro

y remueve y remueve y remueve
y esculpe y esculpe y esculpe
y decide y decide y decide

como quiere que seamos finalmente
a la vista del infinito.

Quintí Casals

martes, 1 de octubre de 2013

Si tú estás cerca

Las moscas están volando encima de los cuerpos muertos
y parecen bellas
y parecen bellas

si tú estás cerca.

El orden de las cosas está disparando al corazón de la lógica
y parece bello
y parece bello

si tú estás cerca.

El mundo es un pañuelo
esputado

y

la gente se mancha las manos
hasta con agua limpia

pero se plantan girasoles en mi sonrisa,
pero se llena el cuenco de lo absurdo

si tú estás cerca,
si tú estás cerca.

Estamos descifrando los jeroglíficos del
propio enigma que somos nosotros y
parece que lo hacemos bien

pero vivimos en un mundo sin color
dónde nada es fácil

y ahora el universo ha decidido organizarse para jodernos,
y ahora vuelvo a estar conversando con un vaso de whisky,
y ahora tengo mi maldita cabeza justo por debajo de mi sombra.

Las cosas son así, inestables.

La realidad es así, puta.

La felicidad es así, pasajera,

pero yo intentaré tener el placer
de darle cobijo y comida en mi alma

si tú estás cerca,
si tú estás cerca.

Quintí Casals

Un desierto de espejismos baratos

Hay unos cuántos cadáveres pisando el cielo
que me miran raro.

Yo estoy sentado en un banco o en algo a lo
que decidieron llamar banco.

Ellos bucean en el aire. Ellos caminan en el viento.

Ellos ven su futuro calcado en luces de neón,
alfombras rojas y putas de diseño.

Ellos ven a su hijo vestido con una bata de médico,
jugando en el Camp Nou o casados con una celebrity.

Ellos ven su cara en los filmes, las biografías, los libros de historia
que van a comprar sus nietos o los nietos de sus nietos.

Ellos creen que la vida les ha dado vida para trascender.
Ellos creen que su existencia será un fósil en los anales.
Ellos creen que por algún motivo respiran y sienten.

Y piensan "De entre millones sólo yo sé que existo".
Y piensan "Yo estoy aquí para salvar al mundo".
Y piensan "El Todo se ha postrado ante mí".

Pero todo son
falacias, falacias y más falacias de un ego unilateral.

Yo sigo sentado en ese mismo banco o algo a lo
que se le llama banco

y los pájaros siguen cantando sin interesarse por mí
y mientras tanto hay una mosca posada en la luna
y antes hubo un chico que me sorprendió al pedirme una goma de borrar.

El mundo sigue sin pararse a mis pies, yo ya me dí cuenta.
Y si algún día se para, yo seguiré caminando.

Espero que ellos no se lleven una decepción
al ver que todo transcurre,
al ver que son indiferentes a la mirada del azar,
al ver que quizá no triunfen o que no importa si lo hacen.

Aunque yo no soy nadie para juzgarles,
la culpa no es suya; nunca lo fue.

La culpa es de la vida en sí misma.

¿Cómo no se va a ser egocéntrico cuando ésta le regala a uno tan sólo unos ojos?

Quintí Casals